Interludio Musical ii
El silencio entre los hilos
Hay un lugar, entre la respiración que acaba y la que comienza, donde no sucede nada. No es vacío. El cuerpo sigue ahí. El corazón late. La sangre continúa su circuito silencioso. Pero en ese pliegue de un segundo entre dos movimientos del diafragma, algo queda en suspenso. No es ausencia. Es una pausa cargada. Los músicos la conocen. La llaman fermata — del italiano parada, detención sostenida. Es ese momento, en una partitura, donde el compositor decide que el sonido debe interrumpirse y el silencio debe volverse más importante que las notas que lo rodean. Un director de orquesta que no sabe sostener una fermata no sabe dirigir. Lo que ocurre dentro del silencio es, a veces, la música misma.
Hay algo parecido en los tejidos. Entre la urdimbre y la trama, cuando las manos del tejedor pasan el hilo de un lado al otro del telar, existe un instante en que el hilo no está en ninguna parte. Ha salido de una mano y no ha llegado a la otra. Durante esa fracción de segundo, el tejido espera. No se deshace. No se completa. Espera. Los hilos que esperan no son menos reales que los hilos tensados. Son, de algún modo, lo que permite que los demás hilos se sostengan.
Así ocurre con aquello que se ha leído. Las palabras entraron en la consciencia hace unos minutos — corteza prefrontal medial, ínsula anterior, red de modo predeterminado, granularidad emocional, alexitimia, interferómetros de láser midiendo deformaciones infinitesimales del espacio-tiempo. Todo eso ha quedado, por ahora, en suspensión. La mente querrá ordenarlo pronto. Clasificarlo. Decidir qué era importante y qué era decorativo. Es su oficio y lo hará bien. Pero no todavía. Primero, un intervalo.
En las bibliotecas antiguas había un mueble específico para los libros recién leídos. No se los devolvía inmediatamente al estante. Se los dejaba sobre una mesa baja, abiertos en la última página leída, durante unos días. Los lectores sabios sabían que un libro necesita tiempo para soltar lo que contiene. Cerrar un libro demasiado rápido es, a veces, condenar su contenido a no llegar nunca a quien lo leyó. Esta Obertura es una biblioteca pequeña. Lo que se ha abierto aquí — las seis tradiciones contemplativas, los dos interferómetros (el de Cleveland en 1887, el de Louisiana en 2015), la vida y la muerte de dos pensadores que cruzaron orillas sin romperse — necesita su mesa baja.
Hay una imagen que viene de ciertas tradiciones orientales. Un estanque donde alguien ha arrojado una piedra. Las ondas se expanden, se cruzan, crean patrones complicados, interferencias constructivas y destructivas. Durante unos momentos, el agua parece hablar un idioma de matemáticas visibles. Y luego, lentamente, todo se calma. El estanque no olvida que la piedra cayó. Pero deja de estar agitado por ella. Puede entonces, por primera vez desde que la piedra entró, reflejar el cielo.
Lo que ha ocurrido en los bloques anteriores es así. Ha habido una piedra. Muchas piedras, en realidad — cada concepto, cada cita, cada estudio es una piedra pequeña en el estanque de quien lee. Lo que viene ahora no es otra piedra. Lo que viene es el intervalo antes de que el estanque deje de agitarse.
La consciencia humana tiene un ritmo que la cultura contemporánea apenas respeta. Necesita períodos de densidad — lectura, conversación, pensamiento — seguidos de períodos de asentamiento. Sin los segundos, los primeros se acumulan sin integrarse. Se convierten en información sin ser sabiduría. Se convierten en ruido. Este libro, si quiere cumplir su promesa, necesita ser leído con los dos ritmos. No solo con la atención que absorbe. También con la paciencia que deja asentar. Aquí, ahora, es un momento para lo segundo.
No hay nada que hacer con este Interludio. No hay ejercicio. No hay invitación experiencial. Solo hay palabras dispuestas de tal modo que — si el lector quiere — pueden funcionar como el silencio entre dos hilos del telar. Un silencio que no es falta de actividad. Un silencio que es condición de que la siguiente actividad sea música, y no solo ruido.
Respira, si quieres. El próximo concepto llegará cuando esté listo.